Cuentan los juglares que han tenido la fortuna de contemplar los más importantes torneos del país, la grandeza de los clubes que en ellos participan y la magnificencia de sus armaduras. Estos equipos, que de sólo nombrarlos despiertan en las doncellas los más intensos anhelos, son los que siempre protagonizan cada uno de sus versos. Desde cinco hasta ocho peleadores unidos bajo un mismo estandarte, vestidos con piezas hechas del acero más brillante y el hierro más resistente, luchando hombro con hombro por la gloria de los suyos. Sin embargo, existe una leyenda que sólo algunos labios se atreven a pronunciar, sobre valerosos y humildes peleadores que viajan desde muy lejos, cargando con el peso de sus armaduras, empapados por el sudor que provoca el enorme esfuerzo realizado para que su historia también sea escuchada. Estos guerreros, provenientes de ciudades y pueblos alejados de los grandes centros urbanos, enfrentan desafíos que harían dudar hasta al más valiente. Y aún así, perseveran en la silenciosa labor de ver algún día cumplidos sus sueños.

En la última travesía emprendida por Crónicas Bohurteras, nuestro camino se cruzó con el de Rocío Peñaloza, una guerrera de veinticuatro años, estudiante de Ingeniería Química, que le hizo un lugar entre sus libros, investigaciones y tubos de ensayo, a los yelmos, espadas y escudos. Ella pertenece a Guardia del Bastión, un centro de entrenamiento sanjuanino que vio sus inicios en el año 2014 y participó en diversos torneos, tales como el Sudamericano de Valherjes, el Torneo de Camaradería de Pecarí y el First Class. Los comienzos de Rocío en el deporte se remontan a una feria medieval en Córdoba, donde tuvo la primera oportunidad de colocarse una armadura y vivir una experiencia que cambiaría su vida para siempre. De ahí en más, tuvo muy clara su misión: regresar a las lejanas tierras cuyanas de donde había venido y ponerse a trabajar sin descanso en su equipo. No obstante, su empresa resultaría ardua, ya que no sólo se trataba de una zona con escasa densidad de población, sino que su gente también era bastante reacia a conocer este tipo de actividades más inusuales.

Fotografía: Guardia de Bastión.

Uno de los mayores desafíos que encontraron, cuenta Rocío, fue el de conseguir un espacio fijo para entrenar. Hoy en día, la localización de sus prácticas oscila entre parques públicos y el taller donde trabajan sus armaduras. Por esto, se encuentran dialogando con una institución sobre la posibilidad de que les presten parte de sus instalaciones, lo que podría proporcionarles un lugar al resguardo de los fenómenos climáticos que dificultan la constancia del entrenamiento. Además, Rocío determinó que “una vez que tenés equipo, tenés un espacio, ahí podés hacerle más publicidad al deporte y llamar a más gente”, con lo cual, de concretarse esta posibilidad, sin dudas le abriría muchas puertas al club para que crezca.

Como en todo deporte amateur, otra de sus grandes problemáticas radicó siempre en cómo llevar a cabo los entrenamientos y cómo prepararse correctamente para las competencias de la disciplina. Rocío explicó que sus entrenamientos dependen mucho del clima y que lo primordial para ellos es equiparse, que todo aquel que entre lo primero que se haga sea su gambesón y que nunca falte el equipo soft correspondiente para llevar a cabo los primeros pasos como meros aprendices, hasta que llegue su turno de convertirse en guerreros. Cuentan también con el equipamiento básico para practicar las técnicas y movimientos, los cuales fueron estudiando a partir del contenido que encontraban en la web, primordialmente de entrenadores rusos, pues son los más experimentados en el deporte.

Fotografía: Cele Riera.

Además, tuvieron la suerte de contar con un maestro griego que les enseñó sus secretos sobre las técnicas de HEMA (Historical European Martial Arts), con el cual pudieron tener un fructífero intercambio, quedando en ellos la ardua tarea de adaptar estos entrenamientos a la práctica del bohurt con armadura. Por otro lado, según nos dijo, “la preparación física la hace cada uno por separado; tiene que comprometerse con el resto del equipo, como integrante del grupo, a hacer la preparación física sí o sí”.

Respecto al asesoramiento en el entrenamiento y a la preparación física de los peleadores, mencionó que fueron de gran ayuda los seminarios impartidos por Juan Manuel Chevasco y Andy Di Francesco en Mendoza, y el seminario dictado por Sergio Scabone en San Juan en el mes de junio. Entre risas nos admitió acerca de sus entrenamientos que: “Sergio nos iluminó un montón; antes de que Sergio nos ilumine, eran muy básicos”, y nos relató un poco acerca de las mejoras que ese seminario introdujo en sus conocimientos.

“Fue enfocado más que nada a la preparación física, cómo entrenar. Nos dio ejemplos de clases que da él. Tuvo tres clases el seminario: una parte teórica completa, todos los tipos de ejercicios; otra parte teórica práctica; y una parte completamente práctica en la que hacíamos todo tipo de juegos que nos enseñaba para entrenar. Nos corrigió un montón, aprendimos un montón del seminario y queremos ponerlo a prueba ahora una vez que tengamos el lugar.”

Fotografía: Cele Riera.

“Desde que llegó Sergio hasta que se fue, tuvo encima a un montón de gente preguntándole de todo. Con un vídeo no podés corregir, no podés ver todo. El hecho de que haya estado ahí y nos haya ayudado a ver cómo entrenar, estuvo genial, fue muy útil para todos.”

Otra de las grandes complicaciones que atraviesan, es la de conseguir los insumos necesarios para hacer las armaduras. Las telas y los cueros son los recursos más escasos en la zona. Y si bien las chapas son más fáciles de conseguir, el hecho de carecer de una fragua donde trabajarlas, les dificulta enormemente la tarea debido al grosor de las placas que utilizan. De momento tienen tres armaduras completas, pero sólo dos yelmos; uno de ellos confeccionado su taller y el otro encargado a herreros más experimentados. Peñaloza admitió que el peso de sus armaduras es algo que también les juega en contra a la hora de competir, ya que los movimientos se ven mucho más limitados.

Así y todo, más allá de las dificultades que enfrentan, son el trabajo en equipo y la unión los que hacen que clubes como Guardia del Bastión sigan creciendo a un ritmo lento, pero constante. Todos ayudan a los que lo necesitan, creando una lista de prioridades. Incontables fueron las manos que asistieron a Rocío en la tarea de arreglar su armadura cuando decidió emprender su travesía rumbo a la competencia de Profight. Es así, que expresó un enorme sentimiento de deuda para con sus compañeros, a los cuales se comprometió a ayudar a su regreso. Como una pequeña colonia de hormigas, los sanjuaninos trabajan sin descanso, buscando constantemente crecer y mejorar en base a los recursos que poseen: “Nosotros tratamos de buscar por todos lados, manuales, de ir mejorando. Si nos hubiesen visto, no trajimos la misma armadura en ningún torneo. Todas las veces algo se mejora.”

Tienen muchos proyectos para que el deporte crezca en su región, desde la formación de una coalición entre los equipos de las provincias aledañas con el fin de que resulte más sencillo completar un equipo de ocho peleadores para viajar a los torneos -aún cuando los costos limitan la cantidad de eventos a los que pueden asistir-, hasta la posibilidad de realizar un banquete medieval como forma de ir introduciendo de a poco la cultura de dicha época en los habitantes de la provincia de San Juan. Pero Rocío remarca la importancia de “presentar el deporte de buena manera, para que se sume gente que tenga ganas de trabajar”. También agrega sobre su equipo: “Si nosotros tuviésemos más gente que tuviera ganas de trabajar y participar, creceríamos mucho más rápido, tendríamos mucho más peso.”

Fotografía: Cele Riera.

Sus mayores objetivos son equiparse cada día más y tratar de viajar a todos los torneos que puedan, para seguir acumulando experiencia. Si bien Peñaloza aclaró que la responsabilidad recae en cada club, en cuánto trabaje y en las ganas que tenga de crecer, también destacó la importancia de la Federación:

“Hay que tratar de sumar, de que crezca la federación como ente, porque eso nos da un respaldo a todos. Para nosotros es muy importante decir que pertenecemos a la Federación, o que venimos en nombre de la Federación Argentina de Combate Medieval. Es completamente diferente; le da un peso, le da un respaldo al deporte. Así que, para mí, hay que incentivar toda actividad que pueda ayudar a la Federación y toda actividad que pueda hacer que crezca el club en el interior.”

Así es que de a poco se expanden las fronteras del deporte a nivel nacional, esparciéndose la pasión por el combate medieval desde las costas del este, hasta las distantes montañas del oeste, con el mismo compromiso, la misma predisposición, las mismas ganas de trabajar y de seguir creciendo, aunque cueste, aunque duela. Porque, como ya dijimos una vez hace cierto tiempo, mientras haya bohurt, no hay pena que valga.

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